
España cubrió durante siglos esta necesidad. Un alimento básico eran las salazones. La costa hispana estaba, ya antes de la llegada de Roma, cubierta de fábricas de salazón. Una de las grandes diversiones del Imperio Romano fueron las carreras en el circo. España criaba muy buenas razas de caballos, famosos por su rapidez, que se exportaban a Roma y a las grandes ciudades de Oriente.