Colegio Libre de Eméritos

9 de febrero de 2012

Entrevista a Olegario González de Cardedal

1. Acaba de publicar, con el patrocinio del Colegio Libre de Eméritos (del que es miembro desde 2001), su último libro, El quehacer de la teología (Ediciones Sígueme), ¿se siente satisfecho con el resultado?
- Me siento, ante todo, agradecido a Dios, que me ha dado poder escribirlo; contento por haber podido dar razón de vida tras 40 años de docencia universitaria; insatisfecho, sin embargo, porque soy bien consciente de los límites de la obra realizada.
2 ¿Cuál es el quehacer de la teología, como reza el título, en una sociedad del S. XXI como la nuestra? ¿Cuál es, a su juicio, la función más práctica que ésta ejerce en la actualidad?
- En esta sociedad la teología tiene por delante la misma tarea y el mismo cometido por cumplir que en las anteriores: responder a la pregunta implícita por Dios, que es todo hombre y proponer a éste la palabra que Dios le ha dirigido en la historia. Eso que parece tan teórico es lo más práctico y urgente, porque la pregunta por el sentido, la verdad, el futuro y la salvación son raíces inextirpables del solar del hombre.
3 ¿Qué quiere transmitir con esta nueva publicación?
-Conocimiento de lo que ese área del saber implica; fundamentación teórica de su sentido e invitación a adentrarse en su estudio.
En un principio había pensado en otros títulos para este libro, como "Invitación a la teología" o "Elogio de la teología". Sin embargo, me decidí por El quehacer de la teología. La palabra quehacer tiene, en alemán, dos términos: aufgabe (don recibido) y auftrag (misión encargada)
4. ¿Cuál es el punto de partida?
-Es triple: la situación espiritual contemporánea; el lugar que la teología ocupa en la Iglesia; la memoria de lo que ella ha significado para el pensamiento, la cultura y las instituciones en la historia de Occidente.
5. En un capitulo del libro aborda estas dos cuestiones: ¿Es posible la
teología sin fe? ¿Y sin Iglesia? ¿Puede darnos alguna pista sobre su respuesta?
-Cada ciencia tiene su método, su orden de conocimiento, su lenguaje, su lógica propia; también la teología. La fe es una luz propia que ilumina la razón humana para descubrir un universo de realidad, que sin ella le es inaccesible, como la música solo es accesible a quien oye, el color a quien ve, las arrugas a quien tiene el sentido del tacto. La fe la otorga Dios para percibir realidades divinas. El párrafo de Hegel que figura como exordio lo esclarece: un ciego puede saber muchas cosas sobre el marco de un cuadro, el pintor, la época en que surge, pero no puede ver la luz, la belleza, el esplendor de la obra de arte. Eso ocurre con el universo de realidades a las que la fe es la abertura, operando así una extensión o ensanchamiento de la razón. El sentido de la vista no es contrapuesto al del oído: el uno y el otro le crean al sujeto aberturas diferenciadas a la realidad, que no se contraponen sino que se suman en el único hombre.

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